jueves, 22 de junio de 2017

MOCETÓN


Será la calor o yo qué sé -sí, en femenino a partir ya de los 30º...-; pero, hoy donde la pediatra para la revisión periódica de los 12 años: "¡Pero qué grande está este niño! ¡Qué pies más grandes, qué espalda más grande, qué muslos, qué pulmones, qué....! ¿Es que todo lo tiene tan grande?

Y sí, en ese preciso momento una apenas perceptible sonrisa de malicia infinita se ha dibujado en el rostro del padre...

-Pobre, se te lo van a rifar.

-¿Cuánto quiere usted?

-¿Perdón?

-Que cuánto cree usted, cree...

miércoles, 21 de junio de 2017

A SOLDATITOS


Participaba Iñigo González de Mendoza en el homenaje al General Álava delante de su tumba en el cementerio de Santa Isabel de Vitoria, todo él vestido de soldado de la época, con su casaca azul, su gorro tamaño tambor de detergente, su fusil con bayoneta al hombro, sus botas hasta la rodilla, cuando uno de sus compañeros le comentó.

-¿Y por qué limitarnos a los personajes de la Batalla de Vitoria? ¿Por qué no rendimos honores, no sé, a la viuda de Zumalacarregui, aprovechando que también está enterrada aquí?

Dicho y hecho, a la semana siguiente Iñigo y sus compañeros acudieron al cementerio de Santa Isabel vestidos de soldados del ejército de la primera carlista con su boina roja, casaca azul, pantalón encarnado, su fusil también con bayoneta, la bandera con la Cruz de Borgoña y unas cuartillas con la letra del Oriamendi para dar debido final al acto: "por Dios, por la patria y el Rey..." Entonces intervino otro del grupo.

-Muy bonito todo. Pero, no me parece bien que celebremos homenajes sólo a los de una determinada ideología. Aquí también está enterrado Xabier Landaburu, vicelehendakari del Gobierno Vasco en el exilio.

Y, dicho y hecho, a la semana siguiente Iñigo y sus colegas aparecieron junto a la tumba de Xabier Landaburu ataviados con los uniformes del Euzko Gudarostea, vamos, como los gudaris que lucharon durante la Guerra Civil contra las tropas de Mola. Sí, se cantó, faltaría más, el Euzko Gudariak. Entonces, al final del acto, intervino el propio Iñigo.

-¿Por qué limitarnos a este cementerio? ¿Por qué no homenajear también a mi antepasado Iñigo de Mendoza muerto durante la batalla de Badaia contra los Guevara?

Los compañeros de Iñigo se miraron unos a otros frunciendo el ceño, no acababan de entender con qué motivo había que homenajear a un líder banderizo del siglo XII. Pero bueno, la verdad es que ir de caballeros medievales molaba un rato, así que no pusieron ninguna pega.

Y de ese modo, Iñigo y sus amigos encontraron una afición con la que rellenar sus momentos de ocio hasta el final de sus días. Una afición que, dada su particular querencia por disfrazarse de soldados de todas las épocas, les libraba de la compañía de sus mujeres, hijos y demás molestos familiares, los que tenían familia, claro.

EGUZKI GALDAPEAN


Atzo arratsaldean nire egunero ibilbidean, etxe inguruan dagoen Purificación Tomás parke erraldoian, hemen Oviedon -Gasteizen nik dakidala ezta gauza batere arrunta parrastaka ditugun parkeetan, nahiz eta iaz uda partean San Martingoan zein Arriagakoan norbait ikusi; esan daigun pudorosoagoak garela ia orotan asturiarren aldean behintzat, eskarmentuak ondo asko erakusten didanez etengabean-, emakumezko andana -gizonezkorik apenas ikusten baita, gauzak diren bezala esan behar- "bedarrian etzinda... belarrean etzanda eguzki galdapean, eguzki kiskaletan hobeto esanda, inongo uretan oinak sartzeko aukerarik gabe, ez dagokien edertasun baten bila nolabait esatearren, nire ustea aitortzearren hain zuzen, emazkumekoaren azalaren berezko kolorea ederrena delakoan bainago duda zipitzik gabe, azala zuri-zuria duen emakumea edertasun oso zehatz baten jabe baita mulata brasileira batena debalde izaten saiatuagatik. Baina tira, edertasun eredu zehatz bat hedatzen/nagusitzen denean, auskalo nola eta nortzuen erruz edo zein helburuz, hots, zer saltzeko, ez dago ezer egitekorik, eguzkipean egotera behartuko bazenitu tortura mota onartezin, eskandalagarri bat litzateke, baina...

domingo, 18 de junio de 2017

AUNQUE TÚ ME HAS ECHADO EN EL ABANDONO.


Hoy no me he tomado mi mojito en la Bodeguita, ni mi daikiri en El Floridita.
Ando, sentado, con una cerveza Alhambra en la mano, será la tercera, y mucho me temo que se me ha puesto el cuerpo de habanera.


Yo tampoco tuve un tío comerciante en La Habana, ni había un piano en aquella casa en la que viví.
Pero sí me recorrí el Malecón de punta a punta, varias veces, y, créanme, son ocho kilómetros que dan para mucho con toda esa humedad sobre los hombros y la vida por todas partes.
Había preciosas casas coloniales que se caían a pedazos, yo diría que sufrían la pena del abandono; el estilo que las igualaba a todas era el descascarillado.


También las había por doquier en la Habana vieja y en el Vedado;
pero, ay amigo, las del Malecón eran otra cosa: aguanta tú varios siglos de salitre contra tus muros y no sé cuántos años de bloqueo.


Mucho más adelante estaba El Nacional donde nos alojábamos, casualidades del destino; creo que todavía padezco los coletazos de la resaca tras la borrachera que nos cogimos en el bar del hotel entre fotografías de astros de Hollywood y chascarrillos de célebres mafiosos italo-judeo-americanos.


La Habana era de una belleza melancólica y decadente que acababa acogotándote el alma; demasiadas señores mayores pidiendo fulás en la calle y jineteras lo mismo en una cama.


Yo casi me quedo con Santiago, donde todo me sonaba a son y me sabía ron.
Casa de la Trova y de Hernán Cortes, las negras más hermosas, esculturales, que he visto en mi vida -bueno, las de Senegal tampoco estaban nada mal- jineteaban una noche en la última planta de no recuerdo bien qué hotel, sacándoles a los turistas canadienses hasta el número de la seguridad social. Y también, también a uno de Zumaia que presumía de no meterla en todo el año hasta que llegaba el verano y se subía a un avión; digamos que se le caían los dólares de la billetera.


En Santiago los nativos presumían de tener sólo dos semáforos funcionando en toda la ciudad.



En realidad allí no funcionaba nada, sólo se resolvía, y luego pasaba una camioneta a rebosar de gente y, mira que ya fue mala pata, se quedaba justo parada delante de un cartel de la propaganda gubernamental que decía: "Nada ni nadie podrá parar la Revolución". 

Yo no pude evitar la carcajada y el sindicalista de CC.OO que me acompañó en aquel viaje por descarte casi me mete por el culo el poster que compró del Che Guevara.
Pero bueno, por lo demás todo muy bien, mucho ron y arroz congrí, también con pollo, mucha cerveza Hatuey también. 


En Matanzas estuvimos de un concierto en un estadio, supongo que de beisbol, no me pregunten ni de quién ni cómo; hubo tanta candela que mucho me temo yo que esa noche le dio sentido al nombre de la ciudad; tú ya sabes, asere..


Luego ya, después de mucha gozadera y alguna que otra historia más o menos chunga que no viene al caso, nos fuimos adonde varan todos los turistas que se lo han bebido todo, han bailado con casi todo el mundo y han discutido mil veces con desconocidos sobre Lenin, Martí y Fidel Castro; cuando yo era pequeño mi viejo cantaba una canción sobre estos señores los fines de semana que bajábamos en coche a su pueblo.


Y sí, yo de todo esto, y de mucho más que daría para un mes entero, me he acordado al mediodía mientras cortaba un tomate madurísimo, rojísimo, para la ensalada.


Soñaba que estaba en la Habana y en realidad era que sonaba en mi cabeza un tres cubano, unas maracas, un bongó, unas claves y una marímbula que me hacían mover el culo mientras preparaba la ensalada:

"Aunque tú me has echado en el abandono,
aunque tú has muerto todas mis ilusiones,
en vez de maldecirte con justo encono
y en mis sueños te colmo, 
y en mis sueños te colmo
de bendiciones.
..."

ETA GAUR BEZALAKO EGUN BATEAN



Eta gaur bezalako egun batean haurrak terrazan daude uretan plisti-plasta.

Eta gaur bezalako egun batean bero sapa dugu ihardun bakar eta egarbera.

Eta gaur bezalako egun batean nire gogoetak eta ametsak eguzki galdatan.

Eta gaur bezalako egun batean gintonicaz batera musikak ere kiskaltzen dizkit erraiak.

Eta gaur bezalako egun batean ez nau nire onetik ateratzen haurren etengabeko errietak.

Eta gaur bezalako egun batean patxadaz nago ezaxola etorkizunera begira.

Eta gaur bezalako egun batean etxean aspaldiko partez laurok bakarrik potrojorran.

Eta gaur bezalako egun batean mundua begitantzen zait itsaso zabal bat fikziozko hondartza batetik ikusita.

LO QUE FUIMOS




No hemos sido jóvenes porque quisimos emular a nuestros mayores.


No hemos disfrutado de nuestros años mozos porque hicimos nuestro su malestar contra el mundo.

No hemos amado como deberíamos haberlo hecho porque ellos tampoco tenían ni puta idea.

No hemos follado todo lo que queríamos porque no teníamos tiempo para hacerlo; siempre había que estar a su altura en mil y una pijadas.

No hemos conocido todo el mundo que estaba a nuestro alcance 
porque siempre salíamos de casa con anteojeras.

No hemos sido todo lo felices y descerebrados que fueron otros porque nos hicieron creer que eso era indigno de lo que se esperaba de nosotros.

No hemos tenido ni un solo día en el que alguien no quisiera partirnos la boca o nosotros a alguien.

No hemos sabido hacer otra cosa que machacarnos la cabeza con chorradas y aburrir hasta las piedras.

Pero, eso sí, hemos bebido como cosacos, como si estuviera a punto de declararse una ley seca universal, casi tanto como ellos.

Así estamos, pues, tan viejos como ellos y conservaditos en alcohol.

LIBROS DE NUESTROS MAYORES


"Arrebuscando" entre la baldas de la librería me (re)encuentro con estos libricos que me han acompañado hasta aquí desde que era un mico, pero que muy mico. A decir verdad, son los libros que había en casa de mis padres cuando vivíamos en la Avenida y ésta todavía era del Generalísimo. Estaban en casa pero no pertenecían a mis padres, sino a mis tíos, finales de los sesenta y principios de los setenta, en plan "mejor lo guardáis vosotros por si..." El caso es que estos son los primeros libros para adultos que ojeé de canijo; "así ha salido el niño". Pero no hay cuidado, en seguida llegó también uno de mis tíos con Baroja, Delibes, Sender y así...

Por lo demás, basta echar un vistazo a los títulos de estas cosas que leía por los sesenta la juventud alegre y combativa de entonces, para darse cuenta cuánto hay de verdad en eso de que el tiempo es una apisonadora que... todo, todito, todo.